Viento blanco de sal que envuelve el páramo, donde una mujer fuma un cristal, se viste y se cuelga del andèn de sus muebles. Yendo y viniendo en una casa, que no le pertenece. Reconoce su ego, haciendo caras raras al amor. Intenta escribir esto desde los huesos de su espalda. Eso de tener y no tener, no le hace falta. Solo el aire y el meloso vacío ,donde le estallan las palabras.